No te voy a decir qué es lo que quieren los batos, pero sí te voy a decir qué es lo que tú no quieres, y eso mi cielo, es embarrar el rímel en tu almohada.
Eso no lo quieres tú, no lo quiere tu mami (si aún vives con ella); no lo quiere la chica de la limpieza (si es que eres burguesa), ni lo quiere el detergente barato que usas, porque así te darás cuenta que lo único que hace es perfumar tus telas y no limpiarlas.
No solo no lo quieres tú porque se te hinchan los ojos y al ir al baño y mirarte en el espejo, no solo NO encuentras confort, sino un montón de afirmaciones estúpidas como: "estoy bien fea, por eso no me quiere".
¿Quién no se ha enfrentado a un familiar, amigo o amiga, que en su "infinita" sabiduría nos diga: "No sufras, no seas tonta"? Como si sufrir fuera una especie de discapacidad mental. Tenemos bien comprada la idea de que las mujeres inteligentes no lloran, no sufren, no andan con pendejos/as. Permítanme darles una palmadita en la espalda y decirles que hasta las mujeres más inteligentes del mundo, como Madame Curie, sufrieron en vida por un amor. (Si no sabes quién es Madame Curie, es hora de que le piques a wikipedia).
No importa si el ser amado es hombre, mujer, bestia o priísta. Lo único que importa es que está científicamente comprobado que el objeto al que se ama no tiene mucho que ver en nuestras reacciones humanas. Pero OJO, eso no quiere decir que una "sufre porque quiere". Lo que quiere decir es que una sufre porque tiene un chingo de historial. Imagina tu ser como el buscador de google: a veces uno pone una sola letra y aparecen un chingo de cosas que alguna vez uno buscó o que están relacionadas con lo que alguna vez buscaste; lo mismo sucede con la memoria: te dicen una palabra, una frase, o incluso te dan una mirada y ¡PUM!, arde Troya (si no sabes que es "arder Troya", otra vez pícale a wikipedia).
En todas nuestras parejas hay algo que desata una serie de recuerdos: échale la culpa a tu papá, a tú mamá, a tus nalgadas o a tus maestros o maestras (tanto de escuela como de vida). Por eso mismo es que las elegimos: Quieras o no. (A menos que seas una pinche master cabronsísima que domina el psicoanálisis y lo que es aún más cabrón: sus propios actos)
El amor nunca va a dejar de doler, es un valor intrínseco a él mismo; algo así como al CERO es la nada... Sin embargo, el CERO es también la posibilidad de que quepa todo. Así es enamorarse, pero a la inversa: Sentirse llena y al mismo tiempo saberse vacía.
Este blog está creado, primeramente con fines egoístas: prevenir que me dé un tiro al ser una escritora frustrada que tiene su trasero postrado en una silla sin cojín en los confines de una ofician por 9 horas todos los días (gracias capitalismo) y así crear un espacio para hacer lo que me gusta hacer: escribir y decir cosas como si fueran verdades absolutas (esto debido a los altos niveles de soberbia que produzco).
Porque así es esto, así es el amor, si no te das chance de crear un espacio en el que una sea la protagonista, entonces pelas... Ser rebaño es algo muy tedioso y remunera muy poco. Incluso en las relaciones de pareja: ¿Quieres ser parte del rebaño o quieres tú también dictar la agenda (co-escribirla) con tu partner?
Léeme y escríbeme, aunque sea para recordarme a mi madre, o lo que es peor... A algún exnovio.